El significado de la celebración del triunfo

El triunfo en la antiguedad y el origen de la celebracion del triunfo

La historiadora Mary Beard, en su interesante libro sobre el triunfo en la antigua Roma, identifica el tema con los conceptos de ostentación y de éxito, resumiendo su doble vertiente con un acertado juego de palabras: ostentación del éxito y éxito de la ostentación.

Según el historiador Polibio «se trataba de un espectáculo en el que los generales ponían directamente ante los ojos del pueblo romano las vívidas impresiones de sus hazañas». La ceremonia intentaba recrear y poner en escena la victoria obtenida en los confines. El papel del general victorioso, en cierto modo, era tanto el productor del espectáculo como el director y actor principal.

El espectáculo del desfile.

Uno de los triunfos más célebres de la historia, fue el gran triunfo celebrado por Pompeyo Magno en el 61 a. C. tras su victoria contra Mitrídates en Oriente. Pompeyo celebraba en esta ocasión su tercer triunfo y fue el primero en celebrar tres triunfos por sus victorias en tres diferentes continentes. El primero tuvo lugar por su victoria contra el rey de Numidia en África, lo obtuvo con poco más de 20 años, en el 80 o 81 a. C., en la época de la dictadura de Sila. Tras el triunfo, fue muy bien recibido por Sila, quien le adjudicó el nombre de Magnus

Cuentan las crónicas que Pompeyo le pidió poder celebrar el triunfo y que el dictador Sila se lo negó en un primer momento. Cambió de parecer cuando Pompeyo, atrevido, comentó «Has de tener presente que los adoradores del sol naciente son más numerosos que los del poniente» Sila: «Que triunfe, pues!».

Este episodio nos ilustra muy bien el hecho de que el triunfo era un honor militar que se concedía solo en determinadas ocasiones y por victorias de gran prestigio. Además, en este caso Pompeyo era extremadamente joven y carecía de una posición jerárquica formal (todavía no era miembro del senado).

Volviendo a los triunfos de Pompeyo del 61 a. C., debemos subrayar que fue considerado por la historiografía antigua, como uno de los más espectaculares. Desde luego es el triunfo sobre el cual más se ha escrito y que mejor conocemos. Por varias razones: fue a la vez un hito, un modelo en la historia de los triunfos en la antigua Roma, pero también el origen de muchas polémicas; Plinio el Viejo más de 100 años después se preguntaba de quien había sido el triunfo: no se había tratado tanto de la victoria de Pompeyo sobre los piratas y Mitrídates «cuanto la derrota de la austeridad y un triunfo, digámoslos claramente, del lujo».

En este caso el triunfo duró 2 días (cosa inusual en este tipo de celebraciones y terminó el 29 de septiembre día del cumpleaños de Pompeyo (45 años)).

De hecho, fue un verdadero espectáculo de ostentación de la riqueza de los botines obtenidos en la guerra y de sus prisioneros. Algunas fuentes dicen que tardaron treinta días en transferir a manos romanas los objetos que componían el mobiliario del rey Mitrídates.

Desfilaron carretas de oro en barras, Apiano cita el «trono del propio Mitrídates con su cetro y su estatua en oro de ocho codos de alto»  (3,5m). Plinio relata cómo eran los primeros recipientes de ágata, los más impresionantes vistos en Roma. Nos describe además, entre otras cosas, una montaña similar a una pirámide, totalmente recubierta de oro y rodeada de ciervos, leones y frutas de todas las clases, enlazadas a racimos de uvas de oro.

Por otro lado, Dión Casio alude a un trofeo enorme que desfiló con una inscripción muy significativa: “este es un trofeo que representa al mundo entero”.

Desfilaron por primera vez las plantas y los árboles exóticos traídos de Oriente (Plinio escribe «desde los tiempos de Pompeyo Magno hemos hecho desfilar hasta los árboles en las procesiones triunfales»). También desfilaron innumerables carros de armas y mascarones de proas de embarcaciones. Otro objeto interesante fue un busto de Pompeyo recubierto enteramente en perlas.

Otra de las cosas que causó gran impacto fue los prisioneros y piratas cautivos, todos con sus trajes nacionales, así como los funcionarios, hijos y generales de los vencidos.

Apiano habla de 324 cautivos de alto rango. La presencia de un impresionante conjunto de prisioneros era condición de un esplendido triunfo, sobretodos si estos eran enemigos célebres. Podemos recordar aquí que el mismo rey Mitrídates, tras la derrota contra Pompeyo, se suicidó (ordenó a un esclavo de matarlo).

En una posible interpretación literaria de este hecho, el rey del Ponto evitó de esta forma la humillación que suponía participar como cautivo en la procesión del triunfo romano. Según varios autores también otra famosísima suicida, Cleopatra, prefirió quitarse la vida para evitar la humillación de desfilar en cadenas en el triunfo de su enemigo Octavio.

La historia ha quedado reflejada la idea de que el triunfo era muy importante para el auge de la carrera política y militar.

En algunos casos, en el mismo momento triunfante, se han reconocido los presagios de posibles futuras derrotas o humillaciones.

Plinio también nos recuerda como el busto de Pompeyo cubierto por perlas como símbolo del capricho en todo su esplendor, preludia a su muerte tan humillante, tras la derrota del 48 a.C. contra César: traicionado Pompeyo fue decapitado en Egipto y su cabeza fue llevada a Cesar (que según las fuentes lloró abundantemente): ¡una cabeza de perlas triunfante y unos años después una cabeza muerta sangrante, un verdadero contraste!

Otro aspecto importante, es el intento por parte de los protagonistas del triunfo de perdurar en el tiempo el momento del desfile (que recordamos normalmente duraba solo un día), y no solo en la memoria de quien podía haberlo visto en directo. Este concepto se refleja en la arquitectura (por ejemplo, en el antiguo Teatro de Pompeyo, en el mismo Foro de Augusto o en los relieves de los arcos de triunfo), en la numismática y también en el ámbito doméstico (domus rostrata).

El origen histórico de la procesión del triunfo.

En Roma, en los Museo Capitolinos, en la misma sala de la celebérrima Lupa Capitolina, están expuestos los famosos Fasti Triumphales. Es una inscripción con un listado de todos los generales que celebraron el triunfo desde la fundación de la ciudad hasta el 19 a.C. cuando se celebró el triunfo de Cornelio Balbo.

La inscripción se encontró fragmentada en el foro romano. En ella se recogen no solo los triunfos tradicionales celebrados, sino también otros dos tipos de “triunfos menores”: la ovatio, y el triunphus en mons Albanus. También se encuentra una dedicatoria del año 222 a.C. que alude a los llamado Spolia Opima, una ceremonia que tenía lugar solo en el caso que el propio general hubiese matado al comandante enemigo en combate singular. 

Se trataba de dedicar la coraza y las armas del enemigo derrotado en el templo de Júpiter Feretrio en el Capitolio.  Según la tradición romana más conocida, solo se concedió este honor tres veces en la historia. El primero fue el mismo Rómulo después de derrotar y matar al rey de los Ceninenses. Según varios estudios, el desfile del triunfo tiene posiblemente su origen en esta primitiva celebración original.

El recorrido.

La procesión empezaba en el Circus Flaminius, en la parte más meridional del Campus Martis, dirigiéndose hacia la antigua puerta Carmentalis. En este tramo surgió en época augustea el Teatrum Marcelli que obligó a variar ligeramente el trazado del desfile.

El recorrido continuaba pasando por el Forum Holitori, atravesando la Puerta Triunphalis que hoy son los restos visibles del área sacra de Sant´Omobono.

Entraba en el Velabrum recorriendo el Vicus Iugarius, bordeando la roca tarpeya (saxum trapeium) hasta la Basilica Iulia. Sucesivamente bajaba por el Vicus Tuscus para atravesar al Forum Boarium y poder entrar en el Circus Maximus.

El desfile se llevaba a cabo a lo largo de toda la explanada, dirigiéndose por el valle que había entre el Palatinus y el Caelius.

La procesión llegaría hasta donde se encuentra al arco de Constantino y, desde aquí, se empezaba el tramo más importante, recorriendo la Via Sacra y los monumentos más emblemáticos de la antigua ciudad: el templo de Roma y Vénere, , la Basilica Nova, la Casa de las Vestales, hasta llegar al arco de Septimio Severo.

Cruzado el foro romano la procesión subía el clivius capitolinus y finalmente alcanzaba el Capitolio donde, según la tradición, Rómulo, tras celebrar el primer triunfo de la historia de Roma, fundó el templo de Júpiter Feretrio.

Texto de:

MATTEO BELLARDI

Arqueólogo

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