La tradición del viaje arqueológico a través de la Historia. II – Edad antigua Egeria

Os seguimos contando de dónde surge la tradición del viaje arqueológico a través de la historia. Un fascinante recorrido para conocer por qué viajamos y quién fue el primer viajero. Si no has leído la primera parte, puedes hacerlo ahora.

El viaje de Egeria

No menos conocido es el relato del viaje de Egeria, fechado entre los años 381 y 384 dC.

Este documento, copiado por algún monje en el siglo XI, fue hallado en el año 1884 por Gian Francesco Gamurrini, un erudito italiano, entre los manuscritos de la Biblioteca Confraternitá del Laci, en Arezzo, a donde había llegado procedente de la Biblioteca de la abadía de Montecassino.

En las 22 páginas del escrito, se narraba un viaje a Tierra Santa y, para su asombro, por una anónima mujer que hablaba en primera persona (Pascual Gil, 2005: 451). Por desgracia, el pergamino no estaba intacto, puesto que faltaban muchas hojas del principio y algunas del final, y puede incluso que algunas otras de la parte media.

Las notas de viaje de Egeria responden al molde ya conocido en su tiempo de la peregrinatio o itinerarium, redactadas en forma de carta que la autora envía a, y esto es muy importante por las interpretaciones que ha tenido la figura de Egeria, unas entonces lejanas dominae et sórores, que permanecieron en su patria común.

El empleo de estos términos ha sido usado como elemento para atribuir a nuestra protagonista la condición de religiosa (monja o abadesa). Varios autores, entre ellos Carlos Pascual Gil, gran conocedor de la figura de Egeria, consideran que las dominae et sórores a las que se refiere nuestra viajera deben traducirse como “respetables amigas” o mejor incluso, como “queridas amigas”.

Hemos señalado que las páginas halladas por Garrumini carecían de firma.

Él mismo señaló ya en el año 1887 la teoría de que la autora del viaje podría ser Silvia de Aquitania, hermana de un importante oficial del emperador Teodosio, denominado al texto como Peregrinatio Silviae, nombre con el que fue conocido hasta el año 1903.

En esta fecha, el hispanista benedictino Dom Marius Férotin, archivero de la biblioteca del monasterio de Silos, sugiere que la autora sería Etheria o Egeria, de la que se tenían confusas noticias, entre las que destaca un panegírico de Valerio, un abad del Bierzo del siglo VII, y que a la larga resultó fundamental para afirmar esta autoría.

No obstante la opinión de Pascual Gil, existen otros autores que consideran que Egeria fue una monja, basándose en gran parte en la visión de Valerio, cuyo panegírico fue conocido gracias a otro religioso, el agustino Enrique Flórez de Setién, quien llevó su ingente trabajo de historiador, traductor, geógrafo, epigrafista, paleógrafo y tantas otras cosas más en el ámbito de la Ilustración española del siglo XVIII.

Esta visión del obispo Valerio, recordemos del siglo VII, trasmitida a través del agustino Flórez en el XVIII, es la que ha permanecido vigente hasta hoy día todavía por algunos investigadores y novelistas, quienes definen a Egeria como “la virgen española”, “la monja viajera” o incluso “santa”.

Dejando a un lado el tema de la autoría del texto y de la condición religiosa o no de Egeria, debemos señalar que el viaje que realizó a la Tierra Santa de los cristianos era relativamente común para las clases pudientes de la época.

Pero, ¿Quién era Egeria?

Con independencia de que pudiera estar incluso emparentada con el emperador Teodosio, también de origen hispano, tal y como se ha sugerido, de lo que no podemos dudar es de su condición de aristócrata adinerada, de edad madura aunque no vieja para poder soportar los rigores del viaje.

Varias muestras de ello, las encontramos salpicando continuamente el texto: viaja sola, aunque acompañadas de un grupo de sirvientes y de religiosos; importantes cargos eclesiásticos como obispos salen a recibirla en los lugares que visitaba y llega a disponer incluso de escolta militar para transitar por lugares considerados peligrosos.

Del texto podemos extraer incluso pinceladas de su personalidad y formación: Egeria es una mujer culta, puesto que viaja con libros, algunos de ellos escritos en griego; es piadosa, pero como sugiere acertadamente Pascual Gil (2005: 459), no la ciega el fervor religioso, y sobre todo, es curiosa, puesto que pregunta constantemente y pide explicaciones de lo que ve, incluso con comentarios críticos e incisivos cuando las explicaciones que recibe no le parecen lógicas o coherentes.

La causante en “poner de moda” el destino de la Tierra Santa entre sus contemporáneos y generaciones futuras fue Helena, madre del emperador Constantino, luego santificada, quien viajó a ellos con celo y fervor religioso en varias ocasiones.

De este modo, los santos lugares, los sepulcros de apóstoles o los cenobios comenzaron a recibir las visitas de multitud de peregrinos procedentes de lugares dispares del Imperio Romano, como Hispania. Señala Pascual Gil (2005: 457) que antes que Egeria, otra noble de origen hispano llamada Melania había realizado ya un viaje similar, aunque en este caso su objetivo fue visitar a los anacoretas de Egipto.

Con posterioridad al viaje de Egeria, tenemos noticias del viaje de la también noble hispana Poemenia, que visitó Egipto y Palestina.

Volviendo al recorrido que realizó Egeria, a pesar de que el documento no se ha conservado íntegro, los especialistas sugieren que su lugar de partida habría sido la provincia romana de Gallaecia.

Siguiendo la vía Domitia, habría atravesado Aquitania y cruzado el Ródano, llegando por mar a Constantinopla. Desde la capital del imperio oriental, y atravesando las regiones de Bitinia Galacia y Capadocia en la actual Turquía, habría pasado las montañas del Tauro para llegar a Antioquía y, desde aquí, siguiendo la costa, a su objetivo final: Jerusalén, donde entra en la Pascua del 381.

En Jerusalén permaneció 3 años, aunque continua con sus visitas a lugares santos tomando como base la ciudad: visita el Sinaí, momento en el que empieza el relato de la parte conservada del pergamino, o el monte Nebó. Finalmente, en el 384, comienza el regreso a Constantinopla aunque no toma un camino directo, puesto que atraviesa la provincia de Mesopotamia con el objeto de visitar el lugar del martirio del apóstol Tomás en la ciudad de Edesa. Ya desde Constantinopla deja constancia de los planes que tiene de seguir viajando, y menciona en las últimas líneas del texto su interés en visitar en Éfeso el martyrium del apóstol Juan.

El texto continúa con una descripción de las liturgias que se desarrollan en Jerusalén y se interrumpe después, impidiéndonos conocer el destino de Egeria desde su llegada a Constantinopla.

Queremos creer que, a pesar de su estado de salud debilitado, tal y como ella menciona, pudo continuar su viaje de retorno hasta llegar a su lugar de origen en Gallaecia, y nos gusta imaginarla reunida con sus dominae et sórores, al calor del hogar, narrando sus viajes, describiendo los lugares que visitó y explicando las mil y una anécdotas que un viaje de estas características estamos seguros debieron ocurrir, con el mismo lenguaje llano, fresco, sencillo y humanizado con el que escribió su relato.

Como arqueólogos y agentes de viaje, nos gusta Egeria por ser, que sepamos, la primera viajera ilustrada de origen hispano. Hacemos nuestras, con su permiso, las palabras de uno de los mejores conocedores de esta figura, Pascual Gil: nos gusta Egeria por su “espíritu increíblemente moderno, y, por tanto, atemporal, cercano a cuantos abrazan esa liberad que desconoce las fronteras del tiempo”.

Si sois amantes de los viajes, la historia y la arqueología, os recomendamos encarecidamente la lectura tanto de la obra de Pausanias como la de Egeria.

No os arrepentiréis, ¡os lo aseguramos!

Texto de:

JESÚS BARBA

Arqueólogo

3 Comments

  1. Hola
    Precisamente estoy ahora con el libro sobre el viaje de Egeria, según la edición de Pascual Gil. Para quien lo quiera leer, lo edita La Línea del Horizonte, en la colección Cuadernos del Horizonte (no es propaganda, es divulgación)
    Gracias por el blog
    Saludos

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